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Antes
de empezar con el satanismo de veras conocer algo de historia sobre esta
filosofía, quien mas que Anton Szandor
Lavey fundador de la Iglesia de Satán
(†
Church Of Satán†)
. Antes de adentrarte en esta religión es
indispensable leer esto:

Acompañado por tétricos acordes aparece Anton LaVey, sumo sacerdote de la
Iglesia de Satán: Ataviado con una holgada capa carmesí, y cubriendo su
calva con un capuchón oscuro con dos afilados cuernos esculpidos a partir
de la osamenta de algún animal, parecía que el mismísimo personaje de Bram
Stoker hubiera cobrado vida. Con el privilegio que le concede su
ministerio infernal, desenvaina su espada mientras recita la invocación
litúrgica para el "bautizo" de la criatura. Tiene cuatro años y su nombre
es Zeena LaVey: "Damos la bienvenida a una nueva criatura que nos hará
compañía en el Sendero de la Oscuridad. No tengas miedo ...". Anton LaVey
nació la noche del 11 de abril de 1930 en la ciudad de Chicago, aunque a
muy temprana edad su familia se trasladaría hasta San Francisco: Sus
seguidores mencionan que como todo personaje excepcional que se precia,
nació sentenciado bajo el signo astrológico de Aries, señal profética
inequívoca de sus inclinaciones hacia el macho cabrío... por aquello de
los cuernos. El pequeño Tony muestra una precoz curiosidad por todo lo
relacionado con el mundo del ocultismo, al que según él, acabaría
convirtiéndose en su mayor obsesión. Es su abuela materna, Luba Kolton,
quien le introduce en el mundo de la superstición y de la magia,
narrándole viejas leyendas de la tierra natal de sus ancestros:
Transilvania. Ávido por aprender, más que por deleitarse, con apenas doce
años no sólo había leído los clásicos de terror como Drácula o
Frankestein, sino que estaba familiarizado con rituales de algunos de
libros magia. Sin embargo, afirma haber aprendido más con la lectura de
aquellos relatos de fantasía que con cualquier obra esotérica. Su
experiencia con los textos clásicos del Ocultismo sería muy negativa:
"Leía todo cuanto caía en mis manos y a medida que iba leyendo iba
desechando lo que leía". Siendo un muchacho enfermizo que no encontraba
huecos en los juegos de equipo de sus compañeros, LaVey posee magnetismo
especial que logra atraer a los demás chicos. Es así como comienza a
asumir el liderato de una pequeña pandilla, en la que él establece una
serie de normas y contraseñas de juego parodiando a las sociedades
secretas de los Templarios Influido quizá por algunos de sus predecesores,
como Aleister Crowley, cautivados por el sendero de lo prohibido, la
atracción por el sexo y el ocultismo han estado íntimamente ligadas en las
inquietudes de LaVey desde su más tierna infancia. La imagen arquetípica
de la mujer, que desde los primeros capítulos del culebrón bíblico se
convierte en musa de la insurrección frente al orden beatífico del Paraíso
Celestial, ejercerá una especial fascinación en la estética del satanismo.
No es de extrañar que en los ceremoniales del culto satánico, LaVey
sustituyese cirios y velones por hermosas mujeres desnudas que,
convertidas en el mejor anzuelo para atraer clientela entre el gremio
masculino, posibilitarían una fuente de ingresos nada despreciable
vendiendo sus fotografías entre revistas para hombres en los años sesenta.
Aún hoy se comercializan algunas de esas imágenes en el mercado satánico.
Como toda neurosis obsesiva, la fascinación por LaVey por los encantos
femeninos encuentra sus orígenes en el jardín de infancia: "Es muy
interesante -escribía Freud- comprobar que bajo la influencia de la
seducción puede el niño hacerse perverso, es decir, ser inducido a toda
clase de excesos sexuales". En el diván, LaVey rescata su primer devaneo
con el sexo femenino. A la tierna edad de cinco años recuerda haber sido
engatusado, con el señuelo de su ropa interior, por una niña de su misma
edad hasta el interior de su alcoba. Antes de que el pequeño Tony tuviese
oportunidad de renunciar a su inocencia infantil, la madre entro en el
dormitorio y reprendió a su hija por tan precoz conducta de insinuación.
Desde aquel día, LaVey reconoce su inclinación sexual fetichista. Freud
continua argumentando que bajo la influencia de la seducción, y
"tras represión de estas tendencias,
el niño conserva la curiosidad (perversa) de ver los genitales de otras
personas como una compulsión, más adelante, desencadenara su neurosis".
Apenas cumplidos once años, LaVey acabará rememorando una segunda
experiencia traumática. Mientras recogía las botellas de leche vacías en
la entrada de un edificio adyacente a un pabellón de baile cubierto (su
padre trabajaba como repartidor de licores), descubre un pequeño boquete
que alguien había perforado de forma tan precisa como para permitir
atisbar el interior de los vestuarios femeninos. Al otro lado del tabique,
una mujer que LaVey definía como interesante, podía permitirse el lujo de
contonear sus sinuosas curvas deleitando, sin saberlo, la indiscreción
malsana del fisgón de turno. Y parece que en aquella ocasión consiguió
algo más: quebrantar la inocencia de aquel proyecto de hombre,
sustituyéndola quizá por el temido complejo de castración. Los primeros
años de la juventud del futuro Papa Negro no fueron felices. Marginado
durante la pubertad. incapaz de encontrar compañeras con las que
satisfacer sus caprichos adolescentes, el joven LaVey recoge una copiosa
cosecha de desengaños amorosos que acabarán arrastrándole hasta un amargo
y doloroso aislamiento.
EL SEÑOR DE LAS BESTIAS
Conversando con un forastero que había llegado a la ciudad junto con la
compañía circense en la que trabajaba, LaVey se siente cautivado por el
estilo de vida bohemio que rodea a la trashumancia del mundo del
espectáculo. En la primavera de 1947, Tony abandona su hogar e inicia un
periplo de aventuras a bordo de una de las carretas del circo Clyde Beatty.
El joven LaVey comenzaría asumiendo su primera faena como cuidador de
animales con los que, casi de inmediato, parece sintonizar de una manera
especial. afirma sentirse mas reconfortado compartiendo su espacio vital
con estos gatos, como él los llamaba, que con cualquiera de sus
congéneres, hasta tal punto que come y duerme con ellos compartiendo el
estrecho recinto de sus jaulas.
"Cuando estas tendido en el suelo
junto a los leones -reflexiona LaVey- notas su respiración en tu rostro, y
no puedes dejar de olvidar que tu piel es tierna, y que el instinto
natural de la vestía es hincar sus dientes para desgarrar la carne".
De su experiencia conviviendo con las bestias del circo, LaVey acabaría
adoptando a Tagore, un cachorro de león que se convertiría con el tiempo
en su inseparable amigo. Durante su etapa como domador de leones en el
Clyde Beatty, LaVey tiene la oportunidad de conocer a Robert B. Johnson,
redactor de la revista Weird Tales (Cuentos Extraños), con la que
colaboraría asiduamente escribiendo relatos de terror. Su travesia en la
caravana circense apena duraría medio año, lo suficiente como para que
aquellos meses le reportarán una dilatada experiencia en los ambientes
marginales californianos de la época. En octubre de 1947, LaVey decide
continuar sus andanzas por los circuitos marginales, uniéndose a una
barranca de feriantes en Long Beach (California).
LA CONTRACULTURA FREAK
Allí conocería a gente distinta que excluida del resto de la colectividad
social por sus "rarezas", no había tenido más remedio que ganarse la vida
sacándole partido a sus defectos físicos, convirtiéndose en comediantes de
su propia realidad. Los personajes más granados de la contracultura freak
se daban cita en aquella casetas de feria: el hombre con cabeza de
alfiler, la mujer con cara de mula... Contrariamente al resto de la
sociedad, en la que una serie de cánones les excluye del sistema, el mudo
feriante brinda una oportunidad a aquel colectivo de gente rara, donde son
aceptados como parte de una elite que no necesita realizar el esfuerzo de
desarrollar ningún tipo de habilidad artística para ganarse la vida. Su
imagen les basta. Quizás ese mundo feriante contribuyera alentando ese
espíritu de insolencia y rebeldía frente frente al sistema establecido que
profesó LaVey a través de su heterodoxia satánica. La inversión de la
simbología y liturgia cristiana que desempeño un papel protagonista en los
ceremoniales de la Iglesia durante su primera época, pudo haber sido tan
solo un pretexto para provocar a la masa social. En el prólogo de la
Biblia Satánica, Burton Wolfe recoge una anécdota que invita especialmente
a la reflexión y que resume en gran parte los pilares de su filosofía:
"Los sábados por las noches -recuerda
LaVey de su pasado como organista- podías ver a cantidad de hombres
contemplando con lujuria a aquellas muchachas semidesnudas que bailan en
la feria. Cuando al día siguiente por la mañana tocaba el órgano en el
servicio dominical de los Evangelistas, volvía a ver a esos mismos hombres
ahora convertidos en padres de familia, acompañados junto con sus esposas
e hijos. descubrí entonces que la iglesia cristiana se asienta en la
hipocresía".
El talento de LaVey gana popularidad entre propietario de bares y clubes
alterne, lo que le permite pagar sus estudios en la Universidad. En otoño
de 1949, inicia la carrera de criminología en el City College de San
Francisco, colaborando como fotógrafo con el Departamento de policía de la
ciudad. Mujeres maltratadas, jóvenes muertos en accidentes de carretera,
niños brutalmente asesinados, sitúan el nuevo contexto para su
reflexiones.
"Dios no existe -piensa LaVey tras
contemplar el lado más oscuro de la naturaleza humana-, en el cielo no hay
nadie que se preocupe por cuidar de la vida de los seres humanos. El
hombre es su único Dios, y debería aprender a responder por sus acciones".
Quizá de esta etapa como fotógrafo de homicidio surja en la mente de LaVey
el tercero de sus cinco puntos doctrinales, según el cual debería volver a
instaurarse la vieja ley del Talión , en la que el criminal debe pagar por
sus actos sin considerar ningún tipo de indulgencia. A mediados de la
década de los cincuenta, LaVey contacta con Madame Pleasant, dueña de una
conocida casa de citas californiana. Adquiere el local para convertirlo en
la Casa Negra (Black House), el primer templo consagrado a Belcebú. Poco a
poco, los conocimientos de Magia y Ocultismo de LaVey alcanzan cierta
notoriedad entre las altas esferas de la burguesía norteamericana y la
Casa Negra se convierte en un centro de reunión para excéntricos
iconoclastas, en quienes le afán trasgresor y rebeldía satánica se
mezclaban a partes iguales. Es así como en torno a la figura de LaVey
comienza a gestarse una pequeña sociedad secreta, que centra su interés en
el estudio del esoterismo y que seria conocido como el Circulo Mágico. Más
tarde este grupo de intelectuales, en el que se daban cita escritores,
médicos y abogados, abraza la herética de LaVey integrando una nueva
Iglesia.
COMIENZA EL ESPECTÁCULO

Coincidiendo con la festividad de Walpurgis la noche del 30 de abril al 1
de mayo de 1966, se inaugura la primera sede de la iglesia de Satán, la
Casa Negra de San Francisco. Engalanado para la ocasión, LaVey aparece con
le cráneo afeitado luciendo su eterna perilla y arropado por una
voluminosa túnica que junto a su siniestra mirada, contribuían a insuflar
su histriónica habilidad para convertirse en el embajador del infierno.
"Hemos levantado la primera Iglesia
de Satán -declararía a la prensa de la época-, algo que va a romper el
clásico concepto de lo que se ha entendido hasta ahora como una iglesia.
La Casa Negra aspira a convertirse en un templo para la indulgencia, algo
totalmente distinto a las iglesias que se han construido hasta ahora y que
se han levantado con el propósito de convertirlos en templos para la
abstinencia".
Su singularidad acapararía la curiosidad de los medios de comunicación de
todo el mundo. LaVey no les defraudo: el 1 de febrero de 1967 varios
canales de televisión trasmitirían las primeras imágenes de una boda
oficiada en la Casa Negra, el periodista John Raymond y su esposa Judith
Case, pertenecientes a una familia de la alta burguesía norteamericana,
fueron la primera pareja del mundo en contraer públicamente satánico
matrimonio tras recibir la bendición del primer vicario de Satán. En un
principio, cuando comenzaron a aflorar los primeros análisis sobre este
grupo. La liturgia ceremonial de la Iglesia de Satán fue concebida como
una parodia blasfema de los ritos de la Iglesia Católica, proyectando un
satanismo cuya razón de ser principal sería el rechazo visceral al
"mensaje para los débiles" que se recoge en los Evangelios.
"¡Malditos sean los virtuosamente
débiles -exclama LaVey en su primera interpretación de las
Bienaventuranzas- pues ellos serán aplastados bajo las pezuñas del
Diablo!".
De este modo, y caricaturizando a la religión oficial, la parafernalia del
satanismo se convierte en una parodia escénica que invierte el significado
de los sacramentos que se oficia en la liturgia cristiana.
"En le bautizo satánico -explica
LaVey-, en lugar de limpiar al niño de l pecado original, nosotros
preferimos ensalzar sus instintos naturales, glorificando su futura
inclinación hacía la lujuria".
A finales de ese mismo año, se celebra el primer funeral satánico de la
Historia . La viuda de Edward Olse, un militar de la Marina norteamericana
muerto en accidente de tráfico, acudió a LaVey para que oficiase un
funeral en memoria de su esposo. Nada pudo evitar la ceremonia, ni
siquiera una carta enviada por el arzobispo a la capital al mismísimo
presidente Nixon. Y es que la escena debió ser bien curiosa , digan de
formar parte del guión de una película en los que se mezclan la comedía
con el genero del terror. Mientras los oficiales de la Marina extendían la
bandera estadounidense sobre el ataúd, el papa negro pronunciaba una
parrafada elogiando al finado militar por haber escogido el "Sendero del
Diablo". El sepelio finalizó con la habitual salva castrense de fusiles y
al singular grito de ¡Hail Satán!. Sin embargo en los siguientes años de
la década de los setenta, la Iglesia de Satán se hace más selectiva a la
hora de abrir sus puertas a los medios de comunicación y conceder
entrevistas. LaVey reduce sus apariciones públicas hasta el punto que
circula el rumor de que ha muerto. Iniciando una segunda etapa, el
satanismo no se limitaría tan sólo a recrearse parodiando a la liturgia
cristiana:
"Ya no había necesidad de hacer
espectáculos ultrajando símbolos de la religión católica -argumentaba
LaVey- el cristianismo se debilita día a día, era como un caballo muerto
batiendo sus alas".
El satanismo de LaVey evolucionaba nutriéndose de nuevos elementos, cuyos
ceremoniales configurarían un psicodrama catártico. A mediados de los
ochenta, LaVey cose algunos remiendos y sorprende a sus seguidores
acotando la parcela del libre albedrío que predicaba su filosofía en sus
inicios prohibidos aunque en este caso y a diferencia del cristianismo en
el que se condenan inclinaciones humanas que son inevitables, la noción
del pecado en el satanismo adopta un significado distinto. Se consideran
viciosas actitudes como dejarse arrastrar por la estupidez cultivada por
los medios publicitarios, la falta de perspectiva o estética. Debido a una
enfermedad que contrajo durante uno de sus viajes a Europa, LaVey sufre un
paro cardiaco y fallece la mañana del 29 de octubre de 1997, sin que los
médicos pudieran hacer nada para salvarle la vida. "Solo lamento las veces
que he sido demasiado amable", fueron sus últimas palabras, inmortalizadas
en la lapida de su sepultura.

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