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Es prácticamente imposible, ofrecer una panorámica de los rituales mágicos vigentes todavía en la actualidad en el continente africano. No sólo cada región y cada zona tiene unos usos particulares en este campo, sino que incluso cada pequeño pueblo, ya sean los de las llanuras como los perdidos en los confines de la selva, posee diversos ritos y diversas creencias nebulosas. Limitémonos, por tanto, a los ritos afines a toda África que conservan dos puntos esenciales: la preparación a la vida y el horror de la muerte por sacrificio. Hemos de hacer constar que también en lo que se refiere a estos dos puntos, los usos y los ritos varían sin cesar de una región a otra. Pero tanto en el Kilimanjaro como en los desiertos africanos, en las montañas de Abisinia o en muchos lugares del Congo, en las sabanas al límite del Sahara o en las selvas de Liberia, estos ritos se asemejan de forma extraordinaria, aunque presenten pequeñas diferencias. Una institución del culto africano, impregnada de misticismo y simbolismo, es conocida (por lo menos en las vastísimas regiones del África tropical) con el nombre de Gre-Gre. Se debe precisar que se trata de un comercio mágico cuyo secreto es custodiado celosamente. La esencia y la finalidad del Gre-Gre consiste en la preparación de los muchachos para convertirse en hombres. Mediante los ritos y las doctrinas del Gre-Gre, los chicos negros deben absorber el sentimiento de raza, de tribu y de creencias; reciben una educación al culto, a la mística, a los ritos de las costumbres de su estirpe, es decir, que son enseñados a convertirse en dignos miembros de ella. He aquí cómo tiene lugar este proceso. Cuando una tribu dispone de un buen número de adolescentes (sanos, robustos e inteligentes), los jefes y los ancianos se reúnen y deciden instituir un nuevo Gre-Gre. Apelan al más importante brujo de la zona para establecer que no existan influjos contrarios y después eligen a uno de ellos como maestro del Gre-Gre, quien, desde el momento del nombramiento, actúa solo en nombre del jefe y es responsable ante él de todo lo que acontece. Para empezar, el maestro elige una localidad para establecer la comunidad de los Gre-Gre, a ser posible en medio de la selva, a más de dos horas de distancia del pueblo, y comunica su decisión a la tribu. Esta localidad y sus alrededores se convierten en tabú; nadie, exceptuando los jefes, puede llegar al territorio prohibido, y mucho menos las mujeres. Los que no observen esta ley deben morir envenenados. El acceso a la zona (llamada también bosque del diablo) está indicado por medio de un camino señalado con hojas de palmera atadas, con cañas y con guirnaldas de bambú. Alrededor se construye un verdadero laberinto de callejones sin salida; quien llega a este lugar no tiene ninguna posibilidad de salvación. En cada uno de estos callejones se entierran gran número de objetos mágicos; sabiendo esto no hay ningún negro que ose desafiar tantos peligros. En un punto determinado del bosque del diablo, el maestro del Gre-Gre entierra un fetiche y planta un árbol; esto se hace para consagrar a la localidad. Sólo cuando este desentierra la magia, los muchachos se pueden considerar hombres. Nadie puede liberar la magia, tan sólo el maestro; y si él lo hace sin que los muchachos estén realmente preparados es condenado a muerte. El árbol de kapok (que es el que se planta para consagrar la localidad) vive cien años, conserva en el tiempo la consagración del lugar, y aunque la magia haya sido desenterrada desde hace años los intrusos evitarán estos lugares mientras el árbol esté situado en la selva. El día fijado para el inicio del Gre-Gre llegan al pueblo en donde reside la tribu numerosos bailarines que danzan al son de los tambores. Su jefe lleva una gran máscara de madera, con las fauces que imitan a las del cocodrilo; es el diablo de los Gre-Gre. Después de una breve danza salvaje, todos se sientan y escuchan el largo discurso del jefe de la tribu, y para finalizar, los padres de los chicos presentan los dones (en general, dinero) al diablo de los Gre-Gre. Este diablo representa en esta ceremonia al maestro, mientras que este, por su parte, permanece durante toda la ceremonia escondido entre la gente. Una vez recibidos los dones, el diablo advierte que se comerá a los chicos y que cuando los devuelva ya no serán tal como son ahora: cuando los restituya estarán convertidos en hombres. Entonces, los chicos destinados al Gre-Gre deberán avanzar, y cada uno de ellos deberá tocar las fauces del diablo; de este modo, los chicos son tragados simbólicamente. Después, el diablo y los bailarines se dirigen hacia el bosque, seguidos por los chicos que caminan en fila. Desde este instante, cada miembro de la tribu conservará el secreto sobre los Gre-Gre: los chicos son considerados como muertos, como si se hubieran desvanecido en la nada. En un determinado lugar del bosque, los diablos y los bailarines desaparecen y los muchachos ven aparecer a su maestro, que los guía hasta el lugar elegido. Los chicos deben construir primeramente sus propias cabañas, y luego la del maestro y las de sus ayudantes. Después de algunos días se inicia la operación de la circuncisión y del tatuaje. Son operaciones dolorosísimas, por lo que los chicos tienen que ser atados a un árbol para que no hagan ningún movimiento. El mismo maestro, y algunas veces sus ayudantes, efectuará las operaciones. Cada tribu africana tiene sus propios modelos. de tatuaje, pero generalmente los tatuajes empiezan en la nuca y prosiguen hacia abajo, siguiendo dos direcciones, hacia el dorso y de lado, y a lo largo de las costillas hasta el vientre. Algunos se cubren de cicatrices los hombros, el pecho y las piernas en forma de abanico. Además de las marcas de la tribu, el maestro practica un pequeño tatuaje personal y secreto, como una especie de marca mágica, que está destinada a ser la contraseña para reconocer a los que han practicado en aquel determinado Gre-Gre. Significa, por tanto, la formación de una casta. Para poder obtener unas cicatrices largas e hinchadas se vierte sobre las heridas recién hechas un ungüento de hojas y pimienta. Y durante este auténtico martirio, los muchachos deben mostrar una resistencia viril al dolor físico. Pero durante todo aquel periodo los bosques están plagados de gritos desesperados. Cuando las heridas se han cicatrizado, los muchachos son conducidos a un río donde se sumergen entre un sinfín de ceremonias; el baño significa que quedan liberados de su antigua identidad y que, por lo tanto, están preparados para convertirse en hombres. Entonces tiene inicio la educación y son sometidos a una rígida disciplina. Aprenden a soportar esfuerzos de todas clases, entre otras cosas los preparan a sufrir hasta los límites humanos el hambre y la sed; aprenden las enseñanzas fundamentales para vivir en una comunidad y, simultáneamente, aprenden todos los ritos simbólicos y las danzas diabólicas. La educación tiene en cuenta las aptitudes de cada uno de los chicos; de este modo, no se les enseñan a todos las reglas, los pasos y los saltos de las danzas diabólicas con máscaras, con los zancos (algunos consiguen bailar sobre zancos de dos metros de alto), a tocar el tambor, el arpa o el cuerno, según los diversos significados. Es decir, que se especializan en los distintos campos. Algunos son adiestrados para el futuro trabajo de jefes. Otros, a trabajos de brujería. Sin embargo, los que han sido adiestrados en los secretos de los sacrificios mágicos, en las magias de la medicina, en la capacidad de predecir los fenómenos atmosféricos, son poquísimos. Todos los años, el diablo acompaña, al menos una vez, a los muchachos a una población de la tribu. Se visten todos con un traje fantástico y van pintados con yeso. Los jóvenes llevan máscaras de fibras de bambú para que los padres no los puedan reconocer. Después de algunas horas de estancia en el pueblo (durante las cuales los muchachos muestran todo lo que han aprendido, y entre danzas el diablo regala gran cantidad de dones), el grupo privilegiado vuelve a la selva. La educación del Gre-Gre dura de cinco a seis años, y, finalmente, los muchachos, ya convertidos en hombres, vuelven al pueblo como si se tratara del retorno de una academia especializada de futuros jefes. La vuelta se desarrolla entre grandes ceremoniales. Toda la tribu se reúne a la espera, y entonces el diablo hace su aparición rodeado de sus bailarines tal como se hizo en el día de la inauguración del Gre-Gre. Luego, llegan los nuevos hombres guiados por el maestro, que esta vez ya se muestra públicamente. Los nuevos hombres van vestidos con trajes horrorosos, hasta el punto de que las mujeres huyen horrorizadas. Entre cánticos y danzas, el diablo da el parte a los jefes y les pone al corriente de cómo están las cosas; después, el maestro hace una verdadera relación, y al fin los padres ofrecen sus regalos al diablo y a los bailarines; que se van de nuevo a la selva seguidos del maestro y de los alumnos. Pero nada más llegar hasta donde empiezan los árboles, los nuevos hombres se quitan los vestidos diabólicos para ponerse los que les han regalado sus propios padres. De este modo vuelven otra vez al pueblo sin mirar nunca hacia atrás mientras el maestro, el diablo y los ayudantes queman los antiguos trajes, las cabañas y todos los rastros del Gre-Gre. Los nuevos hombres, a partir del día siguiente, ya ocupan sus correspondientes puestos de guías de la tribu. Paralela a esta institución para los varones, existe otra para las muchachas. Dura mucho menos que el Gre-Gre, pero las reglas son casi las mismas. Las muchachas son sometidas a una de las operaciones de infibulación que se practican en la tribu y después son tatuadas. Aprenden a cantar y a bailar, y se les prepara para poder cumplir más adelante su misión de mujeres y de madres. Están también sometidas a un tratamiento particular para hacerlas engordar a fin de que en el momento de presentarse a la venta matrimonial sean dignas del gusto de sus pretendientes.
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