. Un puñado de incienso natural (no en barritas, sino resina de incienso,
llamada corrientemente incienso bruto).
. Un puñado de polvo de raíz de lirio (puede encontrarlo en las
farmacias).
. Medio puñado de granos de maíz (se encuentra en los almacenes de
granos).
Debe comprar obligatoriamente los tres ingredientes un viernes por la
mañana.
También deberá utilizar:
. Una pequeña barbacoa de mesa.
. Una sartén de barro refractario.
. Carbón de leña.
. Teas o tres pastillas de alcohol solidificado.
. Sal consagrada.
Puede comprar cualquier día la
barbacoa, la sartén y el carbón de leña si no los tiene en su casa.
Cómo proceder:
Empiece la preparación el mismo viernes en que compre el incienso natural,
el polvo de raíz de lirio y el medio puñado de granos de maíz.
1. Triture los granos
de maíz con un martillo o con un molinillo de café.
2. Mezcle cuidadosamente los tres productos y ponga el conjunto en un
tarro seco y limpio.
3. Coloque el tarro en una alacena, al abrigo de la luz, y no lo toque
durante siete días.
El viernes siguiente empiece por elegir la hora; puede actuar a las cinco
de la mañana, hora solar, a la una de la tarde, hora solar, o bien a las
ocho de la tarde, hora solar.
Encienda la barbacoa:
4. Coloque en el fondo de la barbacoa tres trozos de madera impregnada o
dos pastillas de alcohol solidificado.
5. Cubra la madera o pastillas con tres o cuatro trozos de carbón de
leña.
6. Deje quemar el conjunto hasta que el carbón de leña se ponga rojo.
7. Una vez que se
encuentre al rojo vivo, está listo.
8. Trasvase las brasas
al rojo vivo, a la sartén de barro refractario (obviamente con pinzas, con
una pequeña pera de hierro o cualquier otro medio)
9. Coja con la mano izquierda un puñado de sal consagrada y diga:
«Mi poder está en el nombre del Señor quien creó el Cielo y la Tierra.
»Señor, que creaste los cuatro elementos, bendecid, santificad y sosegad a
la criatura de fuego, para que pueda destruir cualquier signo maléfico,
cualquier objeto impregnado del poder del demonio, cualquier carga,
sortilegio o maleficio susceptible de perjudicar a la salud del cuerpo o
del alma.»
10. Coloque en cuatro puntos la pizca de sal sobre las brasa dibujando un
signo de cruz y diciendo:
«En el nombre del que reina con el padre en la unidad del Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos, y que llegará al fin de los tiempos para
juzgar a los vivos y a los muertos mediante el fuego. Amén.»
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3
4
2
11. Coja el tarro que
contiene la mezcla que preparó siete días antes y arroje una pizca de la
misma sobre las brasas rojas.
Tendrá que ahumar todas las habitaciones de la casa. Pero
¡atención!,
en un orden muy determinado:
12. Lleve encima el tarro que contiene el polvo, atado, por ejemplo, a su
cinturón, o con una cuerda atada a su cintura, de manera que pueda añadir
la mezcla cada vez que sea necesario para que siempre escape de la satén
abundante humo. Coja la sartén con las dos manos.
13. Empiece por la puerta de entrada y por la primera habitación que se
encuentre a la izquierda.
14. Cuando entre en esa habitación, dé una vuelta a su interior
bordeándola por las paredes en el sentido de las agujas del reloj.
15. Ante cada apertura (ventanas, tragaluces, puertas, aún las cerradas o
condenadas) trazará con la sartén una estrella de cinco puntas.
16. Acabará la vuelta a
la habitación al llegar, claro, a la puerta por la que ha entrado. Trace,
en último lugar, la estrella de cinco puntas ante esta puerta (no importa
que esté abierta o cerrada) y salga de la habitación.
17. Siga del mismo modo ahumando todas las habitaciones de la casa
siempre empezando por la habitación que se encuentra inmediatamente a su
izquierda. Tampoco se le olvide girar en las habitaciones, siempre en el
sentido de las agujas de un reloj.
Casos particulares:
Si su casa es de varios pisos empiece siempre por el piso superior. Si su
casa tiene habitaciones de las llamadas «en crujía» (unidas entre sí sin
puertas de separación), actúe como si se tratase de una sola habitación.
Después de este ritual, la
casa debiera quedar sana.
Si a pesar de todo continúan las manifestaciones: Empiece de nuevo toda la
operación mágica el viernes siguiente a la misma hora, pero, en lugar de
utilizar la mezcla contenida en el tarro, utilice la sal consagrada (ver
fabricación de armas de protección).
Nota:
Si le parece difícil colgarse el tarro al cinturón de forma que pueda
tener las dos manos libres, puede hacerse acompañar de una persona de
confianza que se encargue del polvo o la sal.
Atención:
Si hace este ritual dos semanas seguidas, la segunda semana, cuando
utilice la sal, póngase gafas para protegerse los ojos, ya que la sal
arrojada sobre las brasas al rojo vivo salta mucho.
Nuestro consejo:
Haga sistemáticamente este ritual antes de instalarse en una casa o en un
piso si su predecesor ha muerto en ese lugar (si no logra tener
información a cerca del que le precedió en la casa, sólo por precaución
debe hacer esta desinfección mágica).