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La reencarnación es la creencia de que una esencia individual de la
persona (mente, alma, conciencia, energía) vive en un cuerpo en la tierra
varias veces y no sólo una. Esta creencia aglutina de manera popular
diversos términos como metempsicosis, trasmigración, reencarnación,
renacimiento, y también otros menos usados como recorporación,
metensomatosis o palingenesis. La diferente etimología de lo términos
alude a diferentes peculiaridades de esta idea. Todas las religiones llamadas darmicas (con origen en el hinduismo) afirman que la reencarnación existe en un ciclo sin fin (rueda del karma), mientras las buenas acciones o métodos religiosos (buen fin o propósito o dharma) no sean suficientes para causar una liberación o cese de este ciclo. Las religiones tradicionales de los diversos países de Asia (como la de los ancestros en China o el Shinto en Japón) incorporan la reencarnación e influyen en gran manera en la devoción popular y la cultura y el folklore de estos países. Hinduismo El hinduismo es el marco cultural y mitológico en el que surgen distintas religiones, pero popularmente al hablar de hinduismo se suele referir al Brahmanismo. En la mitología de la religión brahmánica, al momento de la muerte del cuerpo, el alma o parte esencial abandona el cuerpo que se ha vuelto inservible, y es arrastrada por los yamadutas (los mensajeros sirvientes del dios Yamaraja, el encargado de juzgar el karma de todas las almas del universo); y juzgada. En Egipto antiguo, sus actos eran sopesados contra el peso de una pluma. Dependiendo de las acciones buenas o malas, el alma se reencarna en una existencia superior, intermedia o inferior. Esto incluye desde estados de existencia celestiales a infernales, siendo la vida humana un estado intermedio. Este incesante proceso recibe el nombre de samsara (‘vagabundeo’). Éste término proviene del verbo sánscrito samsrí: ‘fluir junto’, ‘deambular’. Las religiones orientales se refieren a ese deambular (entretenimiento, codicia, acumulación de bienes, "matar el tiempo"...) como una vida sin propósito ni sentido. Cada alma viaja por esta rueda, que abarca desde los semidioses (devas) hasta los insectos. El sentido de la trayectoria de un alma dentro de este universo lo marca el contenido o sentido de sus actos. Según el hinduismo popular moderno, el estado en el que renace el alma está determinado por sus buenas o malas acciones (karma) realizadas en anteriores encarnaciones. La calidad de la reencarnación viene determinada por el mérito o la falta de méritos que haya acumulado cada persona como resultado de sus actuaciones; esto se conoce como el karma de lo que el alma haya realizado en su vida o vidas pasadas. El libro de Urantia (compendio revelado de muchas religiones) reconoce que lo que sobrevive es todo lo que contribuya al aumento de la conciencia. Las almas de los que hacen el mal, por ejemplo, renacen en cuerpos «inferiores» (como animales, insectos y árboles), o en estados aún más inferiores de vivencia infernal, o en vidas desgraciadas. El peso del karma se puede modificar con la práctica del yoga (aumento de la conciencia hasta los niveles más altos contemplativos y unitivos, según el grado y la modalidad de yoga), las buenas acciones (generosidad, conservar la alegría interior, responder bien por mal...), el ascetismo (privarse de lo que abotarga los sentidos e impide el crecimiento del alma, o impide la comunicación de los seres superiores con el individuo) y el ofrecimiento ritual (valor del agradecimiento y de la generosidad). En el pensamiento religioso hindú, la creencia en la trasmigración aparece por primera vez en forma doctrinal en la recopilación religiosa india de las Upanishad, una parte de los Vedas, base religiosa del hinduismo que tiene más de 4.000 años. Las Upanishad fueron compuestas entre el 800 y el 400 a. C., y traducidas al persa por el príncipe Dara Sukoh durante el siglo XVII. La liberación de la reencarnación en el hinduismo o liberación del samsara, se consigue después de haber expiado o superado el peso de su karma, es decir, todas las consecuencias procedentes tanto de sus buenos como de sus malos actos. Este proceso es continuo hasta que el alma indivual, Atman, está completamente evolucionada y se identifica o alcanza a Brahman, el creador del mundo, en donde es salvado de la desgracia de la necesidad de más renacimientos. Esta identificación sucede mediante prácticas yóguicas y/o ascéticas. Luego de su última muerte sale del universo material y se funde en la Luz Divina (la refulgencia que emana de Brahma), con la creencia de que el alma individual (atman), y el alma universal (Brahman) son idénticas. Siguiente ¿Tienes miedo a la muerte? |
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