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En esta sección:
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- Influencias del siglo XX
- Influencias de los medios
- Individualismo y consumismo
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Literatura de terror gótico
La literatura gótica es un género literario relacionado estrechamente con
el de terror y subsumido en éste, al punto de que es difícil diferenciar
uno del otro. De hecho, no puede decirse que existiera el género terror
hasta la aparición del terror gótico.
Introducción
El adjetivo gótico deriva de que gran parte de estas historias trascurren
en castillos y monasterios medievales. En sentido estricto, el terror
gótico fue una moda literaria, fundamentalmente anglosajona, que se
extendió desde finales del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX, como
reacción al Racionalismo. En la literatura de terror moderna los viejos
arquetipos no desaparecieron totalmente.
El movimiento gótico surge en Inglaterra a finales del siglo XVIII. El
renacimiento del gótico fue la expresión emocional, estética y filosófica
que reaccionó contra el pensamiento dominante de la Ilustración, según el
cual la humanidad podía obtener el conocimiento verdadero y obtener
felicidad y virtud perfectas; su insaciable apetito por este conocimiento
dejaba de lado la idea de que el miedo podía ser también sublime.
Las ideas de orden de la Ilustración van siendo relegadas y dan paso a la
afición por el gótico en Inglaterra y así se va abriendo el camino para la
fundación de una escuela de la literatura gótica, derivada de modelos
alemanes.
Las narrativas góticas abundan entre 1765 y 1820, con la iconografía que
nos es conocida: cementerios, páramos y castillos tenebrosos llenos de
misterio, villanos infernales, hombres lobo, vampiros, doppelgänger (transmutadores,
o doble personalidad) y demonios, etc..
Los ingredientes de este subgénero son castillos embrujados, criptas,
fantasmas o monstruos, así como las tormentas y tempestades, la
nocturnidad y el simple detalle truculento, todo ello surgido muchas veces
de leyendas populares. La obra fundadora del gótico es El castillo de
Otranto, de Horace Walpole (1765). Otras obras claves de esta corriente
son Los misterios de Udolfo (1794), de Ann Radcliffe, El monje, de Matthew
Lewis, publicada en 1796, Melmoth el errabundo (1820), de Charles Robert
Maturin y Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki. El
Romanticismo exploró esta literatura, casi siempre inspiradora de
sentimientos morbosos y angustiantes, que alcanzó su máximo esplandor en
el siglo XIX, a impulsos del descubrimiento del juego mórbido con el
inconsciente.
Sin embargo, obras de pleno siglo XIX como Té verde, de Sheridan Le Fanu,
Frankenstein, de Mary Shelley, El corazón delator, de Edgar Allan Poe, y,
más adelante, Janet, Cuello Torcido, de R. L. Stevenson, Drácula, de Bram
Stoker, El Horla, de Guy de Maupassant, Otra vuelta de tuerca, de Henry
James, etc., puede decirse que superan el terror gótico, pues no reúnen
las citadas características. Salvo en casos excepcionales, tienden al
formato corto del cuento en menoscabo de la novela; no se recurre a las
monjas ensangrentadas, ni son elementos necesarios los aullidos
espectrales y los truenos, rayos y centellas de tormentas; no tienen por
qué transcurrir en escenarios ruinosos, castillos y monasterios
medievales; los fantasmas que presentan no están "encadenados"; apenas
tienen que ver con leyendas populares... Por lo tanto pueden considerarse
ya como obras plenamente representativas del terror moderno que alcanzará
a nuestros días, si bien en este punto la opinión de los críticos está
dividida.
En los relatos góticos se advierte un erotismo larvado y un amor por lo
decadente y ruinoso. La depresión profunda, la angustia, la soledad, el
amor enfermizo, aparecen en estos textos vinculados con lo oculto y lo
sobrenatural. Algunos autores sostienen que el gótico ha sido el padre del
género de terror, que con posterioridad explotó el fenómeno del miedo con
menor énfasis en los sentimientos de depresión, decadencia y exaltación de
lo ruinoso y macabro que fueron el sello de la literatura romántica
goticista.
El escritor romántico español Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) incluyó
en sus Leyendas algunos relatos de miedo muy meritorios como Maese Pérez,
el Organista, El Miserere y El Monte de las Ánimas.
A fines del siglo XIX, Oscar Wilde tomó este subgénero con humor en su
relato El fantasma de Canterville.
Los cantos de Maldoror de Isidore Ducasse -Conde de Lautréamont- es una
obra considerada como precursora del surrealismo. No obstante, contiene
elementos narrativos que permiten rastrear rasgos e influencias de obras
como Melmoth, como lo señala Marcelyn Pleynet en su estudio sobre
Lautréamont. En el caso de maldoror, éste es presentado como un ser que
mediante la metamorfosis acecha a los hombres. Maurice Blanchot y Gaston
Bachelard analizan el bestiario de las formas animales adoptadas por
Maldoror; éste suele denominarse a sí mismo con los apelativos de: El
vampiro, aquel que no sabe llorar, el montevideano, entre otros.
La escritora norteamericana Anne Rice, cuyas obras mezclan lo cotidiano
con historias de vampiros y de erotismo oscuro, ha tratado de revitalizar,
temáticamente, el terror gótico. H. P. Lovecraft, por su parte, lograría
sintetizar en las primeras décadas del siglo XX la tradición que partía de
lo gótico con la ciencia ficción contemporánea. Actualmente lo gótico
aparece en algunos autores (al menos en determinadas obras): Angela Carter,
P. McGrath, A. S. Byatt, etc.
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