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Asesinos:
Primera parte
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Belle Gunnes
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Charles Manson
-
Ed Gein
-
Harold Shipman
-
Adolfo de Jesús
Constanzo
-
Fred y Rose West
-
Henry Lee Lucas
-
Jack El
Destripador
-
Jeffrey Dahmer
-
Joel Rifkin
-
John Wayne Gacy
-
Pedro Alonso
López
-
Richard Chase
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Richard Ramírez
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Albert Fish
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Bela Kiss
-
Edmund Emil
Kemper
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Erzsébet Báthory
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Fritz Haarmann
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George Karl Grossman
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Gilles de Laval
-
Henri Désiré Landru
-
John Reginald Christie
-
José Antonio Rodríguez Vega
-
Jose María Jarabo
-
Lizzie Borden
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Peter Kurten
-
Peter Sutcliffe
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Vlad Tepes
-
Swaney Beane
Mas Informacion
Asesinos y sus Alias Albert Fish Peter Kürten Edmund Emil Kemper Erzsébet Báthory Fritz Haarmann Gilles de Laval Henri Désiré Landru Henry Lee Lucas John Reginal Christie John Wayne Gacy Antonio López Sierra Vlad Tepes Belle Gunnes Charles Manson Ed Gein Harold Shipman Adolfo de Jesus Constanzo Fred West Rosemary West Jack el Destripador Jeffrey Dahmer Joel Rifkin Pedro Alonso López Richard Chase Richard Ramirez Lizzie Borden Peter Sutcliffe Swaney Beane
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EL CULTO NARCOSATÁNICO DE
MATAMOROS
Adolfo de Jesús Constanzo
Desde el rancho de Santa Elena, en la ciudad
fronteriza de Matamoros (Méjico), Adolfo de Jesús Constanzo y su banda
transportaban semanalmente una tonelada de marihuana al país vecino...
pero el lugar no era sólo un centro de distribución de drogas. En 1989
fueron acusados de asesinar a más de una docena de personas durante unos
rituales de Palo Mayombe, un culto afro americano.
Los "narcosatánicos" habían convertido el rancho en
una verdadera casa de los horrores.
El 9 de abril de 1989, la policía mejicana detiene en un rutinario
control, la camioneta que conducía David Serna Valdez, de 22 años, a la
altura del kilómetro 39 en la carretera de Matamoros a Reynosa (Méjico) en
el rancho de Santa Elena. En ella se encuentran restos de marihuana y una
pistola del calibre 38, por lo que el joven conductor es detenido. Tras
unas horas de interrogatorio confiesa su pertenencia a una secta de "magia
negra" que utiliza el rancho para realizar sus sacrificios rituales con
seres humanos, además del narcotráfico.
Estas sorprendentes confesiones obligan a la policía a registrar el
rancho, hallando allí otros ciento diez kilos de marihuana... y algo mucho
más macabro: un caldero de hierro de hedor pestilente que contiene sangre
seca, un cerebro humano, colillas de cigarros, 40 botellas vacías de
aguardiente, machetes, ajos y una tortuga asada. Alrededor de la casa, una
fosa común con doce cadáveres descuartizados, a los que se había extirpado
el corazón y el cerebro en algún extraño ritual.
Entre ellos se hallaba el cuerpo de Mark Kirloy, un estudiante de medicina
desaparecido en marzo de 1989 al que habían amputado las dos piernas y el
cerebro, y con parte de cuya columna vertebral el líder del grupo se había
fabricado un alfiler de corbata que le servía de amuleto...
Los agentes de la policía judicial detienen a un grupo de personas
implicadas, quienes confiesan haber matado a esos individuos por orden del
"Padrino" Adolfo de Jesús Constanzo, de 27 años de edad e hijo de un
americano y una cubana practicante de la Santería y Palo Mayombe, a cuyas
artes mágicas había iniciado desde que tenía tres años.
En 1980, Constanzo comienza a vender sus servicios
como mayombero en Miami, trasladándose posteriormente a Méjico en dónde
obtiene un gran éxito con sus trabajos de magia negra. Su excelente
reputación entre las altas esferas le sería debida a los poderes mágicos
que le eran atribuidos, al misterio que continuamente le rodeaba y a su
carismática personalidad.
Los rituales de purificación o limpias (ceremonias para limpiar "malas
energías negativas") y de protección, le proporcionan entre ocho mil y
cuarenta mil dólares entre sus clientes, la mayoría, importantes
personalidades americanas.
Ávido
por obtener más poder, comienza a efectuar sacrificios en sus rituales
para dar mayor sensacionalismo y espectáculo, siempre ayudado por una
joven divorciada que se convertiría en su musa y amante, la estudiante
norteamericana de 24 años Sara Villarreal Aldrete.
Sara se convierte en gran sacerdotisa del culto y participará activamente
en todas las sangrientas ceremonias, además de reclutar a nuevos miembros
y explicarles las actividades de la secta.
Adolfo convence a los demás que serán completamente invulnerables a las
balas y que tendrán el poder de hacerse invisibles si siguen al pie de la
letra sus instrucciones: confeccionando una ganga o caldero mágico con
unos ingredientes especiales además de secretos en los ritos de Palo
Mayombe, como son la sangre y algunos miembros humanos mutilados,
preferentemente cerebros de criminales o locos, a ser posible de hombres
de raza blanca, pues supuestamente éstos son más influenciables por el
verdugo. (Para el autor del asesinato la tortura a la víctima es un factor
muy importante, pues el alma de la víctima debe aprender a temer a su
verdugo por toda la eternidad con el fin de hallarse para siempre sujeta a
él.)
El rito termina cuando los participantes beben la "sopa" del caldero
formada con la sangre de la víctima, su cerebro y los demás elementos que
completan la siniestra ganga... lo cual les dará todo el poder que los
criminales deseen.
Los detenidos revelaron además la existencia de otra sede del grupo en
otras ciudades mexicanas, en dónde se fueron descubriendo más delegaciones
y sucediendo una serie de detenciones.
A partir de ese momento, más de trescientos policías participan
activamente en la búsqueda de Constanzo y sus seguidores más próximos:
Sara Aldrete, Alvaro de León Valdez, Omar Francisco Orea, y Martín
Quintana, quienes emprenden una huida por todo México durante tres
semanas.
Constanzo intenta negociar con las autoridades mexicanas amenazando con
revelar todos los nombres de los personajes conocidos que participan en su
culto, pero esto pesa poco comparado con la atrocidad de sus crímenes y la
policía se muestra intransigente. (Estas negociaciones se han mantenido en
secreto durante mucho tiempo por lo que más tarde saldría a la luz
pública: que numerosos policías habrían estado implicados en la secta).
Mientras éstos eran perseguidos, las detenciones en distintas ciudades con
narcosatánicos se multiplicaban.
Sintiendo que el fin de sus crímenes estaba cerca, Adolfo y sus cómplices
se refugian en una mansión de las más lujosas del Obispado de Monterrey,
con un circuito cerrado con seis cámaras que vigilaban el jardín y accesos
a la vivienda protegidos.
El 6 de mayo, son descubiertos por algunos agentes de la policía judicial
que se hallaban registrando la zona, y sintiéndose acorralados, los
cómplices del Padrino comienzan a dispararles desde una ventana del
edificio en la calle Río Sena de la Ciudad de Méjico.
Al momento se presentan varias patrullas de refuerzo que pueden acercarse
y llegar hasta el cuarto piso, desde dónde disparaban. Dentro se
encontraban Constanzo y los demás, quienes habían hecho un pacto de
suicidio mutuo si no lograban deshacerse de los policías.
Viendo la gran cantidad de agentes que les rodeaban y ganaban terreno a
cada paso, desesperado, ordena a su compañero Valdez que le dispare con
una ametralladora que le tiende, y Quintana, fiel con su líder decide de
suicidarse con él. Ambos se meten en un armario ordenando disparar a
Valdez.
Unos instantes después, son detenidos tan solo tres supervivientes,
contabilizándose unos quince seguidores fieles de estos sangrientos
cultos.
Según las aterradoras declaraciones de Sara a la policía, desde que
conoció a Constanzo, mantuvo una doble vida comportándose como una chica
normal con sus amigos y familia, y como una fría asesina por otro.
Ella misma se dedicaba a torturar a alguna víctima, entre las cuales
Gilbert Sosa, un traficante de drogas. Delante de los demás miembros del
culto, ordenó que se le colgase del cuello, con las manos libres para que
pudiese sobrevivir agarrándose a la cuerda. Luego lo sumergió en un barril
de agua hirviendo, mientras ella le arrancaba los pezones con unas
tijeras.
Confesaría además otros crímenes brutales, cómo uno de los miembros de la
secta mantiene a la víctima con vida después de haberle cortado el pene,
las piernas y los dedos de las manos. Le abre el pecho de un machetazo y
le agarra el corazón sin desprenderlo, lo muerde a dentelladas mientras el
moribundo lo mira agonizando...
Más tarde negaría su participación en los desquiciados rituales,
asegurando que el Padrino la retuvo contra su voluntad al haberse
descubierto la matanza de Matamoros.
En la actualidad Sara Aldrete Villarreal purga una pena de 50 años por
homicidio en una cárcel mexicana, sin siquiera saber que su historia ha
inspirado la "Perdita Durango" de Alex de la Iglesia, película estrenada
en septiembre de 1997.
Articulo obtenido de www.geocities.com/sicosis_zine/asesinos/asesinos.htm
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